Festival fínal de curso

Se veía venir. Vamos que cuando una ve el disfraz del festival de final de curso y piensa que eso  no puede salir bien, es difícil que se equivoque.

La seño del cole decidió que este año no se iba a andar con chiquitas y que iba a tirar la casa por la ventana. Sí señor, con dos ovarios. Cuando mi maridín vio el disfraz de rumbero del pirata, dijo que su hijo iba en vaqueros. La verdad, lo entendí. La versión actualizada de los chichos, para un niño de casi tres años con poca chicha, es de todo, menos  favorecedor. Ni el color naranja, ni los volantes de colores, ni las dos tallas de más, ni el nudo de la camisa que dejaban el ombligo al aire, ayudaban demasiado.

Mi pirata empezó la tarde gritando que eso picaba y que no pensaba ponérselo. Mientras, su hermana vestida a conjunto, le perseguía con la maraca  y ensayaba su baile moviendo caderas de esquina a esquina. Tipo Beyonce. O Jennifer López, según se mire.

Maracas requisadas por riesgo extremo de chichones a tutiplén y  dura negociación  hasta conseguir que mi hijo se vista. No me cansaré nunca de decir que ser madre es duro.

Tengo que reconocer que en mi fuero interno tenía la esperanza que el hábito, esta vez, si hiciera al monje, pero la cruda realidad fue otra.

Cuarenta grados en un auditórium sin aire acondicionado. El público, entregadísimo; pero sudando hasta las orejas y con ganas de salir por piernas de allí en cuanto actuaran sus herederos. Tanto calor y tanta emoción no son buenas para la salud mental de nadie. Eso es así.

¿Soy la única a la que no le gustan los festivales de fin de curso?. No puedo evitarlo, me dan ganas de llorar. Cierto es, que hay niños que llevan el arte en las venas y viven sus mejores momentos en el escenario. Pero hay otros, que lo pasan taaaan mal, que dan ganas de cogerlos del brazo y sacarlos rápidamente de allí. Mi pirata es de esos.

Los  trastis salen al escenario. Hay que reconocer que el que diseñó el disfraz, no pasará a la historia como gran gurú de la moda. No hay por donde cogerlo.

La seño, con buen ojo, los coloca al fondo. Ella también sabe, como yo, que princesa + pirata pueden llegar a ser un dúo algo difícil.

Empieza la música. Mi niño ha visto a su padre de refilón y se ha puesto a llamarle entre lloros.

La princesa lo mira con cara de extrañada. Para ella ya ha empezado al actuación y eso no hay quien lo pare.

A veces me sorprende que mis hijos sean tan diferentes. Pero lo son.

Mi hija es todo un animal del escenario. Se crece por momentos. Las manos hacia arriba, moviendo la cintura, un movimiento sexyyyyy. Y para mi niña no hay un mañana. Lo da todo. Generosa que es ella.  Aunque está en el último rincón del escenario, posición  de cuerpo de baile, ella se siente como la vedette estrella. Ole mi niña y la seguridad en sí misma. Ahora ya sé que siente la madre de la Pantoja cuando la veía encima del escenario.  Me planteo seriamente instalar un pódium en casa para que pueda desarrollar todas sus aptitudes. Nunca se sabe.

Al pirata, por su parte, le ha dado un Pastora Soler en toda regla. Pánico escénico. Ha dejado de llorar pero esta inmóvil mirando al público. Uff,  él indudablemente lo está pasando mal; pero yo solo tengo ganas de que todo acabe rapidito y salir pitando.

teatro para festival fin de curso. mamatodoedia

…Este ritmo que bailo para tiiiiii. Los demás niños señalan al público, el mío parece que me busca con la mirada y yo solo consigo esconderme apenas detrás de mi abanico. Por una parte quiero que me vea y trasmitirle serenidad, por otra, temo que si me ve, sea peor.

La canción es eteeerna. O a mi me lo parece.  La princesa sigue a lo suyo, disfrutando como una loca de su puesta en escena y poco a poco el pirata parece que se va animando. Tímidamente levanta las manos, da una vueltecita y….SIIIIII, AHORA SI. Por fin mi niño empieza a soltarse y esta saltando lo más alto que puede.  Aun así, reconozco que mi pequeño gana de tú a tú, en las distancias cortas. Esto no es lo suyo. Digamos que ella es de grandes escenarios y él de café teatro, algo más recogidito, más íntimo.

Bueno, pues la cosa no ha ido tan mal, al final los dos parece que han disfrutado y yo he sobrevivido a tal aluvión de sentimientos contradictorios. Eso sí, sudando por toooodos los poros de mi piel. Caramba que parece que el baile lo haya hecho yo. Estoy agotada.

Menos mal que esto es solo una vez al año porque, como dice mi amiga Nuria, todavía nos quedan muchos festivales de fin de curso por vivir.

Esperemos que no todos sean iguales.

Y vuestros hijos, ¿son como la princesa que no conoce la vergüenza o como el pirata que prefiere pasar desapercibido?.

 

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