¿Jugamos a los muditos, hija?

En mi casa eso de la paridad está muy bien medido. Estamos los dos padres (maridín y yo misma), los trastis (pirata y princesa) y los dos perros ( Arti y Grisa). Ya veis, todo por dos, todo en  masculino y femenino.

Bueno, el caso es que un día íbamos paseando los seis, hagamos recuento, dos adultos, dos niños y dos perros, y Arti, nuestro  pastor alemán, hizo sus necesidades. Vamos, que hizo caca.  Los trastis empezaron a gritar como auténticos locos, a señalar con el dedo y a acercarse peligrosamente diciendo:

-Miaaaaaa, miaaaaaaaaa (mira).

letras.mamatodoeldia

Ni que decir tiene que me planté delante de ellos con los brazos extendidos y las piernas en cruz para que no avanzaran más y ocurriera un desastre:

-Eso es caca de Arti, aggjjjj que asco.

No medí  ni mis acciones, ni las consecuencias de aquello que había hecho. Solo quería alejar a mis hijos de aquello. Pero conseguí  un efecto rebote jamás imaginado por mí. Había alentado a las bestias y ni siquiera era consciente de ello. Ahí empezó todo.

Desde aquel día, cada vez que vamos por la calle y ven una caca de perro, la señalan y dicen

-Caca Artiiiiii

Vamos, que para hacer tal producción de cacas, Arti debería estar comiendo días y días y días sin parar.  Y  la pobre Grisa, tiene un tapón en el culete, porque toooooodas  las cacas del mundo son de Arti y ninguna de ella.   Ahí no hay opción, las cacas son del pastor alemán si o si  y la schnauzer tiene estreñimiento desde hace décadas.

Y en esas estamos  cuando el otro día, nos fuimos toda la familia a hacer la compra de la semana. El panorama es el siguiente. Maridín y pirata con un carro y princesa y yo con otro.

Nos dividimos así la faena porque si no es imposible. Así que mientras los hombres van a por una parte del abastecimiento, las chicas nos detenemos en  la carnicería.

-¡!!! Hola guapa!!! ¿Cómo te llamas?

La princesa mira a la carnicera, me mira a mí y contesta

Entonces yo pido lo normal;  algo para hacer un puchero, algunas hamburguesas, un poco de pollo para hacer al horno… y mi niña mientras tanto lo va observando todo y está muy atenta a lo que hace su madre.

De repente, la princesa pega un grito. Señala algo y pone cara de asco:

-Miaaaaaa, mamá. Caca Artiiiiiii.

Y empieza el temido bucle. No lo dice y ya está. Lo repite una y otra vez sin parar, estirándome del sueter, intentando cogerme la mano, moviéndose dentro del carro de la compra y señalando con dedo acusador y mirándome alertada.

-Caca Artiiiiiii, caca Artiiiiiiii.

Entonces caigo en la cuenta. No, no es caca de Arti, solo son una morcillas de burgos con una pinta buenísima.

Intento pasar del asunto rapidito, haciendo caso omiso al comentario,  pero inevitablemente la carnicera ha oído algo, imposible no hacerlo por otra parte, con los gritos que la niña está  pegando.

-¿Qué dice? ¿algo de caca? ¿qué dices bonita?.

La princesa sigue con su rollo del que es casi imposible sacarla.

– Caca Artiiiiiii

Y  yo disimulo como puedo porque me quiero morir:

-Uy, a saber, a esta edad ya se sabe que charran mucho; pero entenderles, poquito.

La princesa cada vez grita más, el bucle en el que se ha metido es casi infinito, porque no para de repetir lo mismo, caca Artiiiiii, caca Artiiiiii; y me mira preguntándome con la mirada porque no le sigo el rollo, si está claro lo que me quiere decir.

Y entonces me acuerdo de todos aquellos momentos en los que le digo las palabras vocalizando, intentando que hable bien. Me acuerdo cuando le repito hasta la saciedad una única palabra para que la aprenda. Cuando hago caso omiso si señala algo que quiere; y no se lo doy hasta que no lo pide hablando. En fin, todas aquellas cosas que hace una madre por el bien de sus hijos; pero que inevitablemente, pueden tener  un efecto rebote no deseado.

Es una venganza, estoy segura. Mi hija ha decidido que soy una pesada haciéndole hablar y lo está pagando conmigo de la manera más cruel. Chillando a voz en grito en medio del supermercado.

-Caca Artiiiiiiiii.

Y esto parece el día de la marmota. Una y otra vez, una y otra vez, cada una en lo suyo.  La princesa a voz en grito; la carnicera haciendo trabajo de investigación sin dejar de preguntar qué narices está diciendo mi hija  y yo intentando disimular y repitiendo por lo bajini que me quiero morir.

Esto no son solo cosas de blog de madre es la purita realidad.

Ahora que venga alguien y me diga que la maternidad es preciosa, que no digo yo que no; pero a veces se parece sospechosamente a un trabajo de alto riesgo….por el desgaste psicológico, digo.

5 Comments

  1. Qué buenooooo!!! Y tienes más razón que un santo, lo mejor que se puede comprar una madre después de parir es un buen casco y un buen escudo para fuego de tierra, de tanto karma rebotao como va a tener que esquivar a partir de ese día!

  2. Es demasiado! me he reído hasta casi hacerme pipi! (o creo que me hice), mi esposo me preguntó que pasaba y bueno le conté algo pero creo que fue “lost in translation”(solo habla inglés) porque el solo sonrió… Eres genial contando historias!!

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *