La maternidad y otras cosas raras

Que con la maternidad te cambia la vida, es algo que todo el mundo sabe; pero que adquieres vicios y costumbres desconocidas hasta ahora, es otro cantar. Son esas cosas que solo existen en el universo maternal. La que lo vive, lo entiende. No hay más. Se asume que te has convertido en un ser extraño y punto. Hay cosas peores.

  • Nunca es tarde para hacer amigas nuevas. Es lo que tenemos las madres. Los hijos lo ponen todo patas arriba y cuando tu vida cambia radicalmente, buscas desesperadamente alguien que te entienda y te escuche. Es entonces cuando empiezas a contar a todo bicho viviente, que tenga a bien escucharte, como es tu hijo, lo que come, lo que duerme o si se viste solo. Ríete tú de Sálvame de Lux. Saber cuántas veces va al baño el hijo de tu vecina y compararlo con el tuyo, si es periodismo de investigación. Lo demás son tonterías.
  • Se acabaron los días en los que escuchaba música a todo volumen y bailabas como una loca en tu habitación (si, yo lo hacía). El silencio mola. No ese silencio que aparece cuando  tus hijos están en una esquina de la casa y tú en otra y es preludio de que la hecatombe mundial está cerca. Ese no. Digo el silencio que lo inunda todo cuando los trastis no están  en 10 km a la redonda.  Confieso que a veces me quedo en el garaje, dentro del coche, con la radio apagada solo por el hecho de no oír absolutamente nada. Esos son grandes momentos.
  • Las sobras, adquieren otra dimensión. Me pasé años cuidando mis cenas para no engordar;  ensaladitas, yogures y cosas de esas. Desde que soy madre, cuando recojo la cena de los trastis, hago repaso por cada plato y voy terminando con los restos.  Me convenzo a mi misma que es por no tirar comida a la basura; pero la pura verdad es que para mi, 3 patatas fritas frías y media croqueta espachurrada, son manjar de dioses. La única manera de comer fritos y no pensar que van a ir directamente al culo. Luego, eso si, ceno ensalada. Por el remordimiento, digo.
  • carros bebes mamatodoeldia

 

  • Dormirse de pie es posible. Y tanto. Cuando las ojeras te llegan a las ingles, si puedes aprovechar los 2 minutos que cuesta calentar la cena en el microondas para echar una cabezadita, lo haces. Y punto. Ahí lo dejo. Eso es sacar rendimiento a tu tiempo.
  • La relación con el reciclaje es complicada. Por una parte recoges todo lo que te dan, ropa, juguetes y artículos varios. A todo le encuentras utilidad con esa mentalidad de madre que se está ahorrando un pico. Y por otra, vuelves a regalar a otra incauta todo lo que has ido recogiendo, harta de tener  tanto trasto por en medio.  Existe todo un mercado negro gratuito, de miles de artículos de bebes  que van pasando  de mano en mano entre madres. Yo, ahora mismo, tengo más ropa en el armario para cuando mis hijos  sean más mayores, que para ponerles hoy. Tendré que plantearme si es un inicio chungo de síndrome de Diógenes. ¿Cuantas veces habéis oído eso de: “hija si es que esta nuevo, es una lastima” ?-
  • Tomar un café con tus amigas lo podemos equiparar a salir hasta altas horas de la madrugada. Con after incluido. Para una madre desquiciada, un café fuera de casa y sin niños, es como un chute de un buen gin- tonic en vena.  Ya no eres la reina de la pista, ahora solo eres una madre con ganitas de salir corriendo y que de vez en cuando bailas el corro de la patata. Para lo que hemos quedado. Qué lástima.
  • Ni toallitas higiénicas, ni agua oxigenada, ni colonia y un peine. Las madres tenemos esa sustancia que igual vale para un roto, que para un descosido. LA SALIVA. La saliva de madre todo lo soluciona. Limpia churretones, cura heridas y pone firme ese pelo rebelde. No entiendo porque a nadie se le ha ocurrido envasarla todavía.
  • Meter la botella de leche en la despensa y los cereales en la nevera, es habitual. Lo mismo que encender la tele con el móvil o querer llamar a maridín con el mando del televisor. No, no es el señor Alzheimer. Eres madre y tu cabeza anda ocupada con otras cosas más importantes. Disco duro lleno. No das para más.

Y casi que lo dejo aquí ya, que me estoy dando cuenta que ser madre es lo más parecido a pertenecer a una secta.  Seguro que vosotras también habéis adquirido nuevos hábitos con la maternidad ¿o no?

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