La vida a los dos años es dura.

Confirmado, los trastis son pandilleros. Pero pandilleros de los heavies, de los de tipo Bronx. Vamos, la rama dura de las pandillas. Y lo raro no es que sean pandilleros, porque a  la tierna edad de los dos años, no hay ni un solo niño que comparta sus juguetes sin haber pegado antes cuatro gritos y un estirón de pelo. Lo raro, es que mis hijos tienen los papeles cambiados.  Exacto, la princesa es más bien una pirata en toda regla y el pirata es un pequeño príncipe.

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Pues sí, la niña no me ha salido muy fina que digamos y cuando me quejo a mi maridín de lo bruta que es, solo se le ocurre contestarme que es igual que yo. Tócate las narices. Llevo toda la vida pensando que yo era frágil y delicada por fuera (solo por fuera ¿eh?, que por dentro soy cañera) y a mi edad descubro que casi casi, soy una camionera. Bueno, pues nada. Aquí estamos; mi hija sacándose el carnet y yo camionera consagrada. ¡Que se le va a hacer!.

La gente me pregunta si es verdad todo lo que cuento en este blog de madre. Como la vida misma. Todo, todito verdad. Vaaaale, a veces exagero un poco, no lo puedo evitar, es el sello de esta casa; pero todos son hecho reales.

Y para demostrar la teoría de mi niña princesa/ pirata, va esto:

El  otro día voy a buscar a los trastis al cole y la seño me dice:

-He tenido que castigar a todos los chicos…..y a tu princesa. A todos, menos al pirata.

Así que, varios bandos. Por un lado las niñas de la clase. Que me las imagino, jugando a las cocinitas, ajenas a la lucha encarnizada que se monta en un momentito en la clase.

Por otro lado, tooooodos los niños de la clase junto con la princesa, exceptuando a mi pirata.

Y por último, mi pirata que sabe defenderse, pero que a veces peca demasiado de buena persona. En el caso que eso sea un pecado, claro.

Bueno, pues no se cual fue el antecedente, pero el resultado fue  6 niños y una pandillera haciendo el “churro va” encima de mi niño. Todos muertos de la risa, tirándose encima unos de otros y mi chiquitín bajo del todo sin saber qué hacer, llorar o reir.  Salió medio ahogado.

Y la inductora fue la jefa de la pandilla. Cómo no, la princesa. Que solo se le ocurre a ella ser la cabecilla de tal hazaña. Ahí lo dejo.

Sin embargo; el pirata no os creáis que se queda atrás. Lo que pasa es que él es más sibilino. Un hacha en el arte del disimulo, como ya he contado otras veces. Mi niño ha aprendido con su hermana que la confrontación no le gusta demasiado; así que cuando hay un conflicto, opta por retirarse durante medio segundo. Entonces, cuando la presa se confía y triunfante alardea de su victoria, el pirata va por detrás y ….!zasca en toda la boca!. Bueno, quien dice la boca, dice la oreja, el pie o lo que le pille más a mano, que para eso no tiene preferencias. Es otra forma de ganar batallas. Pero vamos, pandillero al fin y al cabo como la hermana.

Yo se que la vida a los dos años es dura. Y la verdad,  a veces los padres no ayudamos demasiado. Por un lado insistimos hasta la saciedad que hay que compartir. Sin embargo, llegamos al parque, le quitan un juguete a otro niño y solo se nos ocurre decir que se lo devuelva, que es de él.

Cualquier día mis trastis me replican que no maree más. Que si lo que hay que hacer es compartir, aquí estamos a todos o ninguno. Me imagino al pirata argumentando que lo que no mola es, que él tenga que compartir, mientras el niño del parque tiene el sentido de la propiedad  superdesarrollado. Pues si. Toda la razón. Este asunto no esta claro.

Ahora, de ahí, a que haya lucha a muerte por un juguete, puesssss….  también va un mundo.

6 Comments

  1. ¡Me ha encantado tu relato! Si pareciera que estabas describiendo a mis twinnies! Dios!! tal cual, mis niños tienen 13 meses, aún no están en ningún Daycare, pero ya les tocará muy pronto!! ayy lo que me espera!!!

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