Lo siento. Hoy no puedo. Hoy tengo miedo.

Lo siento. Hoy no puedo. Hoy tengo miedo.  Y sé que esta pequeña comunidad que me habéis ayudado a crear, se acerca a mi blog y a mi vida esperando que le saque una sonrisa. Sé que contando como llevo mi maternidad, a veces os sentís identificadas y hasta sonreís porque a pesar de mi tendencia a exagerar, todo lo que cuento aquí, sabéis que es verdad verdadera.

Pero hoy no puedo. Estoy en shock.  Y repito, tengo miedo.

Y me he pasado todo el fin de semana devorando las redes sociales e internet para intentar comprender que está pasando y cómo vamos a actuar de ahora en adelante.  Y sigo igual. Sigo sin entender porque unos bárbaros han matado a los que ellos llaman infieles, mientras estos estaban disfrutando de la vida.

Yo no soy una líder de opinión, ni un político, ni si quiera soy periodista, solo soy una madre que tiembla cada vez que piensa que mis hijos podrían haber estado en esa terraza acompañándonos a su padre y a mí, un viernes por la tarde.paz.mamatodoeldia

Leo muchas cosas últimamente, pero soy incapaz de formarme una opinión sobre el futuro.

Oigo voces que dicen que estamos en guerra y que hay que actuar en el foco del conflicto. Otras que dicen que la venganza no sirve de nada y que solo generará más venganza; y yo, que me considero una mujer formada e informada, solo puedo pensar que no quiero que les pase nada a mis hijos. Metida como estoy en mi cotidianidad. Ajena a los grandes conflictos internacionales, esta mañana he pensado que les voy a hacer de cenar, pero confieso que al minuto siguiente me he acordado de París. Y eso es lo terrible. He sido consciente que es posible que algo así pase aquí, al lado de mi casa. Que me pase a mí.

Me niego a pensar que todos los musulmanes son radicales, pero hoy, confieso, me he descubierto pensando que se le estará pasando por la mente a mi vecino que es musulmán y con el que apenas me cruzo el hola y adiós de rigor. Y el miedo me ha hecho desconfiar. Y no me he reconocido a mi misma, optimista por naturaleza como soy.

Normalmente no veo todos esos videos que circulan por la red para concienciar a la gente del dolor ajeno. No me hacen falta. Y debo confesar que no los tolero demasiado bien y alguna vez me han provocado más de un dolor de estomago. No los veo porque me hacen demasiado daño, cobarde como soy; y porque veo reflejado a mi princesa y a mi pirata en cada niño. Pero este fin de semana no he podido evitarlo. Ayer vi un video en el que hablaban varios niños sirios. Uno de ellos no tendría más de 6 años y le faltaba un brazo y una pierna. Y pensé en mi niño. Y lloré. Mucho. Otro se hacia el muerto en mitad de un tiroteo; para que el francotirador le diera un respiro antes de llegar al coche debajo del cual estaba su hermana; y así, poder protegerla. Y lloré. Pensando en el  inmenso amor que sentiría ese crio por esa niña para jugarse la vida de ese modo. Y vuelvo a pensar en mis hijos. En cuando se abrazan y se dicen “te quero muuuushooo”. Y tengo miedo.

Y sigo leyendo todo tipo de opiniones,  y la única con la que me siento identificada es con la de que  esto no puede suceder. Para todos aquellos que piensan que nos hemos equivocado aquí en Europa, tengo que decirles que aquellos que estaban en el concierto cantando y bailando sin hacer daño a nadie, no se equivocaron. Y que no me gusta los que gritan que la culpa la tenemos nosotros por ser demasiado buenos acogiendo y permitiendo que practiquen su religión en nuestra civilización. Es como decirle a la mujer maltratada que la culpa la tiene ella por casarse con un maltratador. Mire usted, si hubiera sabido que era un maltratador, no se habría casado. Así que ya está bien de echar la culpa a la víctima. Los que lo hacen mal son ellos, los radicales.

El error no está en nosotros que permitimos sus religiones, sus mezquitas y sus costumbres. El error esta en ellos que no permiten nada que no sea como ellos quieren que sea.

Solo soy una madre que tiene miedo. Y muchos dicen que no hay que tenerlo, que eso es lo que quieren, que no podemos demostrarlo. Pues perdóneme,  pero no puedo dejar de pensar en las madres y los hijos de los muertos de Paris. En los niños sirios que están aprendiendo a vivir en un ambiente lleno de odio. Y en mis hijos. Así que lo siento. Hoy no puedo reírme, y mira que lo intento. Lo único que me apetece es abrazar a mis hijos, y decirles que al lado de mamá y papá estarán siempre a salvo. Aunque sea mentira.

4 Comments

  1. Entiendo tu miedo y debes entender que sus actos son obra de un miedo aún mayor. Es reacción a que unos politicuchos han decidido meternos a todos en los asuntos de los demás. Como ya sabrás como madre, cuando 2 hermanos se pelean y se entromete la madre no solo no se solucionan los problemas si no que queda la madre en mal lugar.

  2. ARTE POÉTICA
    Trabajar con este puñado de desdichas
    es a menudo un duro oficio sepulcral.
    Uno se pone serio de pronto y se acuerda:
    de la última bomba caída sobre Bagdad
    (esa ciudad soñada por poetas y por ladrones),
    del Brasil, con su ejército de campesinos mendigos,
    (allí quise una vez vivir bajo el cielo, con un pez y
    una mujer hermosa),
    de mi Argentina, manojo de nostalgias violadas, robadas,
    (loca tierrita mía, que te dolés como una yegua agonizante),
    de África, con sus pechos resecos por la muerte y
    sus grandes ojos blancos de niño que pregunta.
    Urdir palabras con este horror a cuestas
    no es fácil. Pero tampoco es fácil:
    levantar una pared con este horror a cuestas
    arreglar un zapato con este horror a cuestas
    enseñar a sumar con este horror a cuestas
    quiero decir palabras nacidas del horror
    paredes levantadas sobre el horror
    zapatos que pisan las huellas del horror
    las sumas cotidianas del horror
    son oficios salvajes.
    Por suerte, también está la aurora
    el sabor del pan
    la primavera
    la revolución
    y vos.
    El tiempo que nos toca, 2004. Emilio Teno.

    Yo no sé cuál es la solución, pero seguro que nosotras educando en la comprensión, en el respeto, en la tolerancia, en la empatía, ayudamos en algo. Seguro.

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