Madres, padres ¿iguales?

Seguro que hay madres malísimas y padres súper buenos y  al revés.  Pero hay cosas que son verdad verdadera. Los hombres y las mujeres no somos iguales y en esto de la maternidad, las diferencias son aun más grandes si cabe. Eso es así. Y sé a ciencia cierta que hay padres que se desviven por sus hijos,  dan papillas, cambian pañales y juegan con sus retoños con todo su amor. Pero una madre es una madre.

Solo mencionaré algunos ejemplos. Y tengo que decir que no todos pertenecen a mi maridín, que mi universo es pequeño; pero solo hay que salir de casa y observar un poco.

Como decía mi amiga Sonia. ¿Qué madre se levanta un domingo por la  mañana y se planta delante de la tele? Ninguna; porque los herederos te montan un gabinete de crisis en toda regla.  ¿Y Cuántos padres hacen lo propio con las carreras de coches o las motos? Sin palabras.  Sordos como una tapia cuando suena el despertador para dar la toma de las tres de la mañana; pero con un oído que ya lo quisiera cualquier murciélago de turno, para pegar un salto de la cama, cuando suena la alarma para ver la carrera. No entiendo nada.

padre e hija en la palya

Quizá la cosa venga porque luego de llevar a alguien nueve meses en tu vientre es difícil despegarse de él el resto de tu vida. Te apañas tu solita para ir al cole a recogerlos, darles la merienda, jugar, el baño, la cena, el cuento antes de dormir y todo esto después de un duro día y no pasa nada. Simplemente acabas reventada, con la mirada perdida en el horizonte y los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño. Pero sobrevives. Cuando los hombres se quedan solos con los niños, de repente aparecen en tu casa, la suegra, la cuñada, el abuelo, el vecino y casi casi, una buena mujer que pasaba por la calle y al ver un hombre solo ante el peligro de dos niños, también sube a arrimar el hombro. ¿Por qué?.

Pues tengo varias teorías y no sé si alguna es verdadera. La primera, no son autosuficientes y lo saben; así que tiran mano de cualquier bicho viviente que ofrezca algo de apoyo. La segunda porque deben pensar: “¿Por qué lo voy a hacer yo solo, si hay una rista de gente que está encantada de hacerlo?”.

Así que, cuando preguntamos porque la casa parece un concierto de Bisbal en toda regla (grititos, volteretas y fans incluidos), el páter amantísimo suele decir:

_ No, si yo me apaño solo; pero es que se quedan tan contentos de estar con los niños…

Y a ti, claro, se te queda cara de tonta del bote.

Otra cosa es cuando luego de tiempo inmemorable sin decir esta boca es mía, te planificas una comida con tus amigas.  Tres días antes estas preparándolo todo. Tres días para tres horas.

El día en cuestión, te levantas, les das de desayunar, los dejas vestidos, la comida hecha y miles de pos-it dando instrucciones.

-Cariño, los llevas al parque un rato y luego la comida y la siesta. Yo en un par de horas vuelvo y si pasa algo me llamas.

-Tranquiiiiiila. Todo controlado. Tú disfruta que te hace falta.

Entonces te vas con el corazón encogido y repitiendo: “me lo merezco, me lo merezco”; a ver si así te lo vas creyendo un poco, intentando que la mala conciencia no venga dando por rasca.

Tres horas después vuelves a casa y preguntas:

-¿Que tal cariño, cómo ha ido en el parque?

-Pues al  final no hemos ido al parque, los he llevado a casa de mi madre y yo he hecho un poco de deporte que me hacía falta.

– yaaaaaa, ¿y la comida?

– Pues es que han almorzado mucho y no han querido comer.

-yaaaaaaa

Otra vez la cara de tonta del bote. Una semana planificando mi salida, y él, en un minuto menos cuarto organiza la suya. Y encima, se ha saltado tus normas a la torera. Tu intentando que los niños cumplan sus rutinas y él prefiere que las cosas fluyan por si solas. Está claro, no somos iguales.

Y así podría estar llenando páginas y páginas. Viendo como ser padre a veces solo es cuestión de relajarse y delegar; y ser madre es cuestión de tener veinte manos, treinta brazos y una conciencia que no da ni un minuto de respiro, la muy puñetera.

Y ni que decir tiene la rara sensación de que algo estoy haciendo mal cuando salimos los cuatro juntos de casa. Miro a mis trastis, guapos, repeinados y limpitos. Miro a mi maridín, oliendo a perfume, y con ese aire interesante que le ha dado la edad…y luego me miro yo. Yo lo hago de refilón, en el espejo del pasillo, rapidito porque sé que lo que me voy a encontrar no me va a gustar demasiado. Efectivamente, algo no funciona porque yo con esta pandilla no pego nada. Voy con la chaqueta llena de manchas de mocos y un pantalón de hace tres temporadas. Me he duchado en un suspiro y he tenido el tiempo justito para ponerme crema en la cara. Nada más.

Definitivamente soy la nota discordante en esta familia. ¿Por qué ellos tienen ese aire de salimos de casa a disfrutar de la vida; y yo ese de la vida no me da para más?

Hasta el mejor padre del mundo tiene claro que, una cosa son sus descendientes y otra cosa muy distinta es él, su vida, su mujer o sus amigos.

A mí me está costando Dios y ayuda aprender a separar mis hijos del resto de mi vida. De hecho todavía no lo he conseguido y aunque trato de guardarme rinconcitos para mi, mis vampiros se lo van comiendo todo.

No dudo ni una mijita que la mayoría de los padres darían la vida por sus cachorros, pero en el día a día, es difícil que alguien me convenza que ellos y nosotras nos comportamos igual.

¿Somos o no somos diferentes los hombres y las mujeres?. ¿Es simplemente nuestras ganas tenerlo todo bajo control nuestra peor trampa?

Cuenta una leyenda que existen padres que casi casi parecen madres; pero yo, a día de hoy, no conozco ninguno.  ¿De verdad alguien conoce a uno?  ¿Puede alguien contarme algo de ese ejemplar extraño?.

4 Comments

  1. Tu lo has dicho todo. Yo no conozco a ninguno, pero si he visto muchas fotos colgadas en el internet de papás cambiando pañales o reclamando baños con cambiadores. Que es un buen paso para llegar a una familia igualitaria, lo es. Pero seamos honestas, de allí que lleguen a ser unos padres que parezcan “madres” está bien lejos… la pura verdad.

    1. Por eso yo creo que la igualdad es una utopía. Vale que pueden-deben ayudar en la crianza; pero el sentido de la responsabilidad y del sacrificio lo entienden de manera diferente. Lo tienen, si, por supuesto; pero lo nuestro siempre va mas allá de nosotras mismas y eso solo lo hace una madre. Genetica!!!!.

  2. Pues sí, yo también pienso eso. Debe ser que los hombres tienen un sentido más vehemente de dónde empieza y acaba su cuerpo (y su energía). Nosotras no. Nosotras somos de blandiblub. ¿Quién dijo límites? Será por aquello de que salimos de una costilla -y hubo que estirarla mucho… 😉

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