Madres veteranas

Madres veteranas del mundo, vamos a ver si nos ponemos de acuerdo y empezamos a contar cosas que de verdad valgan la pena.  ¿De qué me sirve a mí que me cuente usted, que su parto duró dos  días y no vió la epidural ni por asomo, si yo tuve una cesárea de urgencia?

¿Qué aporta a mi maternidad, que su hijo andara con nueve meses, si los míos  hasta los 14 no se soltaron de mi mano?

Así que vuelvo y me repito, ¿pueden ustedes contar cosas que de verdad me ayuden a tener una maternidad más llevadera?

Ya que por lo visto, esto de tener que oír consejitos de quien menos te lo esperas, es un peaje que quieras o no, tienes que pagar, pues por lo menos que sirva de algo.

Por ejemplo, cómo me hubiera gustado saber que mis instintos asesinos no eran un signo de que se me había ido la olla con la maternidad.

Veamos. Mis ganas de ser madre era enooooormes. Me costó mucho llegar a  serlo. El embarazo fue complicado y mis trastis llegaron al mundo dos meses antes de tiempo.

Así que, cuando por fin aterrizaron por casa, dos meses después de asomar la cabeza al mundo, pues una, lo único que quería, eran niños, niños y más niños. Me convertí en una madre Golum.  Sin anillo, claro. En vez de anillo, niños. Es decir, una de esas que le molesta que todo hijo de vecino, se crea que puede coger a tus hijos en brazos y comérselos a besos.

Un momento, la madre soy yo, y aunque usted sea la mejor amiga de la vecina de la prima de mi suegra,  yo no la conozco de nada; así que deje usted de decirme que conoce a mi marido desde que nació, porque me da exactamente igual. Usted conoce a mi pariente mucho tiempo, “toda la vida”, pero estos dos niños los he parido yo, me costó mucho tenerlos y ahora no me voy a poner a compartirlos con usted.

Y ni que decir tiene, si la sujeta en cuestión lleva un perfume de esos que marea y tu niño comienza a berrear nada mas sentir su presencia. Entonces la susodicha solo se le ocurre decir:

– ¿Qué tiene? ¿mamitis? (con rentintín, claro)

Tócate las narices. ¿Mamitis?, pues no va a tener vecinitis, digo yo. ¿Y no puede usted pensar simplemente, que a usted no la conoce de nada y conmigo lleva toda su vida? Y no me la besuquee usted, que me la deja  con peste a pachuli, con lo bien que huele mi princesa a bebé, !!!oer!!!.

Pues sí, esto yo lo pensaba cada día, (y a veces lo sigo pensando) y lo mío no sé si fue depresión postparto, o desesperación por sentirme totalmente incomprendida.  Cómo me hubiera gustado que, alguna madre veterana, me contara que mis pensamientos de tirarme a la yugular, cada vez que alguien intentaba sacar a mis hijos del carro o cogérmelos de los brazos, eran más normales de lo que yo me creía.  Estas son las cosas importantes que a mí me hubieran ayudado. Sentirme comprendida. Y que alguna madre avanzada, me dijera que ese sentimiento de loba frente a tus hijos nunca se pierde; pero que es más llevadero.

madre de espalda. mamatodoeldia

Mis trastis llegaron y lo ocuparon todo. Yo por supuesto, los recibí por la puerta grande, con banda de música y serpentinas. Al principio, no dormir, y no hacer otra cosa más que estar con ellos, me pareció el mejor regalo que la vida me había hecho. Hasta que me olvide de mí.

Me había costado tanto tenerlos conmigo, los quería y quiero tanto, que me parecía normal pasarme días y días sin acordarme que yo existía.  Todavía hoy me miro al espejo y sigo sin reconocer quien es esa. Y sigo pensando: “bueno, ya falta poco. Dentro de poco volverá  a aparecer la mujer que eras. Esta no es tu cara, de acuerdo, pero dentro de poco recuperas la tuya y ya está”. Pero es que mi cara no vuelve. Así que  estoy empezando a pensar  que el problema es que esta es mi nueva cara.

No busques más, hija. Deja de mirar cuando eras joven, delgada y dormías. Ya no eres esa. Ahora eres una mujer agotada, con las ojeras por los pies, algún kilito de más que se quedó a vivir contigo desde el embarazo y si, eres madre; pero resulta que también puedes ser tú. Vamos, que una cosa no quita la otra; aunque me haya costado dos años darme cuenta. Que a veces hay que ver lo torpe que puedo llegar a ser.

Y una vez asumido que ya jamás volveré a ser quien era,  vuelvo a salir al mundo. Los trastis siguen llenándolo todo, pero poco a poco, vuelvo a recuperarme a mí misma. Muy lentamente,  la verdad, pero la madre Golum va dejando paso a una madre que asume que no puede ni debe, llenar su vida exclusivamente con sus hijos.  Me sigue molestando cuando llevo a mis trastis de la mano y viene alguien y quiere que me suelten a mí, que soy su madre, para irse con ellos, (qué manía!!! ¿Pero es tan difícil respetar que los niños hagan lo que les apetece?); pero últimamente disfruto otra vez de cosas que hacía tiempo que había olvidado, y a veces hasta no me siento culpable.

Esto, esto es lo que me hubiera gustado que alguien me contara. Mira bonita, serás madre, serás feliz, pero te perderás entre tanto pañal y te costara Dios y ayuda volverte a encontrar.

Tú no te preocupes, que al final te encuentras, pero no busques lo que eras porque esa ya no vuelve. Busca la mujer en que te has convertido y empieza a cuidarla que esta, si, ya es para el resto de tu vida.

Algo así es lo que he necesitado oír un motón de veces y nadie me ha querido contar. Así que repito, madres del universo, compartir la verdadera sabiduría y no chorradas varias.

Haced el favor.

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