Los hijos se parecen a un jefe.

Pues queda duro decirlo así, sin anestesia ni preparación previa, pero va a resultar que me he dado cuenta que mis hijos se parecen sospechosamente a un jefe cabrón. Ups! Perdón, a un jefe poco amable. Dejémoslo ahí.

La gran diferencia es el amor que sientes por tus herederos, que no por tu jefe; que hace que luego de las mil y una faenas que te hacen, sigas deseando comértelos a besos y abrazarles hasta el final de tus días. Sí, eso con tu jefe no te pasa, y si te pasa, háztelo mirar que no es normal.

Hablamos de hechos probados.  Empecemos.

– Seguro que sabéis de lo que hablo. Llevas un mes soñando que llegue este fin de semana. Te has comprado un vestido nuevo. Tienes unas ganas locas de ir a ese restaurante de moda con tu maridín; pero de repente, entra un trabajo, ahora que son las dos de la tarde del viernes, y lo quieren para el lunes. Tu jefe te dice, “hay que hacerlo si o si”.  En el caso de tu hijo, se traduciría en fiebre de 39º o unos vómitos que ni la niña del exorcista. Adiós vestido nuevo. Adiós restaurante de moda. Adiós a tus ganas de airearte por el mundo.

Ninguno tiene claro lo de callar cuando nadie te pregunta y a veces hablan un idioma que solo ellos entienden. Tu jefe sabe de muchas cosas, pero el día a día de tus clientes lo sabes tú, que convives con ellos. Por eso cuando tiene la feliz idea de acompañarte a cerrar esa operación en la que llevas dos meses trabajando, tiemblas.  Llegas allí, le dejas que se exprese y cuando acaba, traduces y dices lo que has venido a decir haciendo caso omiso de sus razones, que dicho sea de paso, no le interesan lo más mínimo a tu cliente, que te mira con cara de circunstancia.

¿Quién no se ha sentido traductora simultánea repitiendo lo que dicen sus hijos porque no hay quien los entienda? Y lo mejor. Tú estás en mitad de la acera hablando del tiempo con tu vecina y de repente, tu hijo se mete en la conversación para contarle a la susodicha que su papá le ha comprado la patrulla canina. Sin venir a cuento y dejando a la interlocutora loca con el cambio de rumbo de la conversación. Igualito que tu jefe.

chica trabajando.mamatodoeldia

Se acabo lo del tiempo para ti misma. Tu jefe está en su despacho estratégicamente diseñado para ver todo lo que pasa a su alrededor. Con solo alzar la cabeza, tiene el control. Nada de cafecito a media mañana, nada de preguntarle a tus compis que tal el finde, nada de ir al baño más de dos veces en todo el día. Tu jefe es el ojo que todo lo ve, y no quiere que pierdas ni un solo segundo en ser productiva.

Tus hijos te roban todo tu tiempo por motivos diferentes. Al fin y al cabo no te dejan ir al baño sola, porque no soportan separarse de ti y te dicen mil veces al día Mamaaaaaa (si con ese tono que has leído, exacto); porque no pueden soportar la idea de tenerte lejos. El resultado es el mismo, no tener tiempo para nada que no sea exclusivamente ellos, pero otra vez mas el amor, te salva de volverte loca.

-No entiendes como tu jefe ha llegado a ser tu jefe; porque es incapaz de hacer nada él solito y necesita todo un séquito de secretarias para mandar un simple mail con un archivo adjunto o analizar una tabla de Excel.

Tu bebé, depende de ti  para todo. Para comer, vestirse, ir de un sitio a otro porque todavía no anda, etc. Por suerte, tu hijo aprenderá a hacer todas estas cosas. Que aprenda tu jefe, a estas alturas, no está tan claro.

-Y por último y lo más cierto de todo. No podríamos vivir sin ellos. Sin el jefe, porque desgraciadamente hay que comer cada día y de algo hay que trabajar.

Sin tus hijos, no hace falta explicarlo demasiado. Por mucho que nos desespere a veces ser mamás todo el día, sería imposible imaginar tu vida sin tenerlos a tu lado.

Y seguro que se me escapa alguna similitud más. Venga, a ver quien se anima a ampliar la lista.

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