Su educación dejádmela a mi, por favor.

Vamos a ver si queda clarito, que estoy harta de repetirlo. Mis hijos son míos, lo que quiere decir que su educación, básicamente, depende de maridín y de mí. Está claro que vivimos en una tribu y aquí todo el mundo aporta algo y eso es incluso bueno, pero por favor, si yo digo blanco, estaría bien, y si no es mucho pedir, que en cuanto me doy la vuelta, alguien no dijera negro.

No sé porque, ingenua de mi, pensaba que sería más fácil, pero va a resultar que hay gente tocapelotas que se mete donde no debe y hay otra que simplemente no se puede callar ni debajo del agua.

Bien por desconocimento, bien porque se piensan que tiene el don de la verdad absoluta, el caso es ignorar olímpicamente que tus hijos, no son los suyos.

Admito,  incluso fomento, que cuando yo no estoy, si los trastis hacen algo que no deben, se les corrija. También me molesta que no se haga nada si se equivocan; porque entonces parece que, el rato que no están bajo mi supervisión, sea el momento salvaje oeste/ ciudad sin ley, y eso tampoco es lo correcto.

Por lo tanto, cuando estoy presente, la que educo soy yo. Y cuando no estoy, por favor, respeta mis reglas.  A veces,  la educación de tus hijos sobrepasa fronteras insospechadas; porque no solo tienes que hacer el esfuerzo con ellos, es que también hay que aleccionar a todos y cada uno de los que viven a tu alrededor.

niñas estudiando.mamatodoeldia

Hablaba el otro día con una amiga y me contaba que su suegra no dejaba de amenazar a su hijo con el hombre del saco y que eso a ella le sacaba de sus casillas. Que no había  manera de explicarle a la buena señora, que meterle ese miedo en el cuerpo al niño, era de todo menos sano y que eso eran cuentos de vieja que no aportaban nada a una educación motivadora.

Que a mí no me guste que los trastis coman mucho chocolate y vaya alguien y sin preguntar  le dé un bombón, no tiene demasiada importancia. Hombre, me gustaría que por lo menos preguntaran, pero vale, tiene un pase. Ahora, que en vez de un bombón, sea una caja entera, eso es que te la trae al pairo mis normas y eso sí, me parece una falta de respeto.

Que no te tiene que parecer bien lo que hago, que no tienes ni que compartirlo, pero es que a estos dos los he parido y yo y por eso mismo soy yo la que decido.  Que puede que en algunas cosas no haga precisamente lo más correcto, pero dejadme que me equivoque.

Los niños viven en una sociedad donde reciben estímulos de todas partes y a veces, con lo permeables que son, tengo pánico a que se les quede en la cabeza alguna idea de esas que no me gustan un pelo.

Por ejemplo. Intento fomentar lo máximo la igualdad entre chicos y chicas. Es un tema que me obsesiona bastante. Quizá porque soy la única mujer entre cuatro hermanos. Pero el caso es que no es nada fácil. Y ya no me refiero a no regalar muñecas a la princesa y coches al pirata, que eso al final es lo de menos, porque acaban jugando los dos con todo. Me refiero a cosas no tan evidentes.

Mi hijo tuvo una temporada en la que necesitaba afirmar su masculinidad. Quizá fuera por eso que dicen que los mellizos tardan más en ser conscientes que son dos personas diferentes y se ven más tiempo como un mismo ser. El caso, es que se pasó una buena temporada diciendo que es lo que era de chico y que es lo que era de chica.

Por ejemplo, a él le gustaba correr  porque era un niño; a lo que yo contestaba que a mí también me gustaba y era una chica. Y así con las cosas más absurdas. Que su hermana quería comer una mandarina, él comía manzana porque era de chicos. Que su hermana quería ir andando, él en bici porque era de chicos. Desesperante. Y yo, con paciencia infinita le intentaba explicar que las cosas no son de chico o de chica, que son de personas y que a cada uno nos gustan cosas diferentes. Me costaba, y me cuesta, hacerle entender este razonamiento y cuando ya creía que lo había conseguido, aparece alguien diciendo que los niños que lloran son nenazas.

Halaaa toda la lucha por la igualdad por los aires!!!

Estoy segura que para muchos son frases hechas y que ni si quiera caen en pensar lo que significa; pero a ver si queda claro; nenaza es un término despectivo, y si, señores del mundo, los hombres también lloran como el que más.  Y el que no piense lo mismo, simplemente que se abstenga de dar lecciones a mis hijos, que para eso ya estamos maridín y yo.

Ya es bastante agotador educar a mis hijos, para que además tenga que educar a unos cuantos más. Que no tengo tanto tiempo.

 

2 Comments

  1. Qué bueno perla!! Y es un hecho estadísticamente comprobado (no tienes más que ponerte a contar cuando sales de casa cada día): el mundo está lleno de tocapelotas! 😉 Un beso fuerte guapa!!

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