Por fin la vuelta al cole.

Bendita operación vuelta al cole. Toooodo el verano dando guerra a las 7 de la mañana y el primer día de colegio, hay que sacarlos con grúa de la cama. Manda narices. Los trastis son así.  Mis hijos van por libre y si hoy tienes toda la prisa del mundo porque por fin, POR FIN, empieza la normalidad y un periodo de semi –libertad, es asunto tuyo, a ellos no les afecta . Llevan casi dos meses despertándote cuando estás en el mejor de los sueños, gritando un teno hambreeee (tengo hambre) que te perfora el  tímpano; pero hoy han decidido que prefieren dormir.

Bueno, hoy no importa, hoy es un gran día.

Llevaba dos semanas machacándoles con el cole de mayores. Motivándolos como si fuéramos a ir a la final de la champion league,  y tanto lo hacía, que cada vez que pasábamos por delante gritaban eufóricos.

_ Mi cole de marores. Me guta a miiiii. (Mi cole de mayores. Me gusta a mí)

Así que el primer día fue estupendo. Los trastis entraron con la seguridad del que sabe que se lo va a pasar bomba y a mi poco me faltó para ponerme a cantar como Nino Bravo: Libreeeee como el sol cuando amanece yo soy libreeeee.  Me corté porque no me gusta figurar e iba con maridín que es algo tímido; pero a puntito estuve del subidón que llevaba dentro de mí.

Otra cosa fue el segundo día, cuando se percataron que eso  de ir al cole no era un día y ya está. De hecho, la princesa se plantó delante de mí y con los brazos en jarra me dijo:

– Mamiiiii yo no vo al cole de marores poque ya fui ayer. (Mami, yo no voy al cole de mayores porque ya fui ayer).

Ains angelito, y lo que te rondaré morena, pues no te queda cole a ti ni ná…

pizarra de vuelta al cole. mamatodoeldia

Y es que el verano ha sido duro de narices. Quiero a mis hijos y daría mi vida por ellos, pero por Dios, ¿alguien puede ir a Naciones Unidas y pedir que las vacaciones de verano sean un poco mas cortitas?. No sé, ¿tres días?.

La primera semana maridín todavía estaba trabajando y yo certifiqué algo que ya sabía. Pirata y princesa necesitan estar ocupados y ver gente. De lo contrario, ponen en marcha su mayor entretenimiento, que para mi desesperación, es hacerse la puñeta el uno al otro.

Pero por fin llego nuestra añorada semana fuera del hogar y nos fuimos a la playa. Parecía que todo tenía que ir bien por narices, pero mira tu por donde que la cosa se puso graciosa, por decirlo de alguna manera. Maridín amaneció el primer día con 39 de fiebre y malestar general. A puntito estuvimos de volver, porque aquello fue un purito infierno. Apartamento precioso y con vistas extraordinarias, pero de 35 metros cuadrados. Agobiante.  Trastis en estado salvaje, costillo moribundo, el pobre, y a mí, a puntito de darme un ataque de histeria. Cosas así son las que fortalecen los vínculos familiares. Si  lo superas, ya eres capaz de muchas cosas…

Por suerte, los últimos tres días fueron maravillosos, con niños ya acostumbrados a la nueva rutina, mi chico en plenas facultades y yo más tranquila. Lástima que entonces empezara a llover…

A partir de ahí, el verano ha sido un pasar el día a día como mejor hemos podido.  Al poco tiempo el pirata dijo que él ya estaba harto de tanta playa y que no quería volver a pisarla.  Unos días más tarde, la princesa tampoco quería “pitina” (piscina), y yo con maridín de vuelta al trabajo y toooodo el día acompañada de mis trastis, con un calor de no menos de 35 grados, tengo que confesar que más de una vez he tenido que tomarme una pastillita para los nervios. La opción era pirarme de casa, esa siempre me ronda por la cabeza, ya lo sabéis, pero sigo sin tener valor para hacerla.

Así que este verano hemos hecho del parque nuestra segunda casa. Tanto es así, que estoy esperando que me llegue la carta del ayuntamiento reclamándome el pago del IBI, por el uso- abuso continuado que he hecho de él.

Pero en fin, por suerte no hay mal que cien años dure y la vuelta al cole y a la rutina nos ha sentado a todos de maravilla. Qué bonita sensación es tener un poco de tiempo sin gritos a tu alrededor y sin alguien aporreando la puerta cada vez que vas al baño. Cuando estoy sola en casa no pongo ni la tele. Me encanta el silencio.

Pasar un verano con niños y no terminar medio loca, es sobrevivir. Lo de la isla de Telecinco se queda en mera anécdota. Riete tu de pasar hambre o frio. Nosotras las madres si sabemos lo que es vivir al limite todo el tiempo. Propongo un plan. Metemos en una isla a cuatro famosetes de estos que florecen ahora por las esquinas y a cuatro niños de tres años. A ver quien aguanta más. Yo lo tengo claro, pero se admiten apuestas.

¿Y  vosotras, habéis sobrevivido al verano?  ¿Qué tal la vuelta al cole?

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