Princesas de cuento, cuidado!!!

De pequeña me gustaban las princesas de cuento:  Talla 36.  Pelazo, a poder ser rubio. Nada de Inditex, alta costura con brillos imposibles. Y con su príncipe azul, por supuesto. Como Toca. Hoy esas princesas me dan grima. O mejor, dicho lo que representan.

Y diréis que total son simples cuentos, pero es que es ver a Cenicienta o a Blancanieves y se me ponen los pelos como escarpias. A ver si va a ser que a partir de ellas, se me metió en la cabeza que había que ser perfecta y estupenda como ellas y ahí empezó mi calvario con mi conciencia.

Analicemos. Cenicienta. Su padre se casa con una madrasta malísima con sus dos hijas más feas que pegar a un padre. Mal empezamos. Ya poniendo al enemigo en la figura de otras congéneres. Luego nos quejamos que entre nosotras no nos ayudamos. Resulta que el padre se muere y estas tiparracas le hacen la vida imposible a la pobre Cenicienta. Vamos, un maltrato en toda regla que ella soporta como puede, gracias a su bondad. A ver bonita, que no me meto contigo que tu eres la víctima y ya tienes bastante, pero hija, que una cosa es ser buena y otra no tener sangre. Resumiendo un poco, solo consigue salir de ese infierno gracias a la ayuda de una calabaza, dos ratones y como no, COMO NO, de ese príncipe azul pluscuamperfecto que ha llegado a su vida para salvarla. Y menos mal que Cenicienta era guapa y esa noche llevaba modelazo y conquistó ella solita al maromo, porque si no, se queda en la casa de los horrores el resto de su vida. Nosotros aquí intentando educar para que nuestros hijos tengan las armas suficientes para  luchar en la vida e ir a por lo que ellos quieren, sin permitir que nadie les aplaste; y va a resultar que lo único que tiene que hacer mi niña es buscar su príncipe azul. Su salvador. Manda narices.

Sigamos. Blancanieves. Otra vez, la que monta todo el tinglado, la mala malísima, es una mujer. Si es que lo digo muchas veces, cuidadín que una mujer con un espejo y la verdad por delante, puede ser peligrosa. El caso es que no solo aparece de nuevo el príncipe salvador, el que arregla todo el desaguisado que ha montado la otra, es que, además, el único final feliz posible como en otros casos es “se casaron y fueron felices”. Oiga, que vale que usted me ha salvado la vida, pero es que yo a lo mejor con una copita de vino y una velada intima, pues me conformo, tampoco es necesario que compartamos baño para siempre, que nos acabamos de conocer. Y para más inri mientras los enanitos trabajan en la mina, Blancanieves hace las tareas del hogar y canta con los pajaritos y otros animalitos del bosque. Si le dejo yo la plancha que tengo los domingos por la tarde, te digo yo que esta no esta tan contenta.  Y los enanitos no ayudan en casa, claro. Lo de compartir tareas domesticas en los cuentos infantiles clásicos, es ciencia ficción. Luego ve y dile al pirata que ayude a poner la mesa, que ese te suelta que tiene que ir a la mina a salvar a la princesa y se queda tan pancho.

rana 2

¿Y qué me decís del patito feo?. Pues seguro que estáis pensando que ese está bien porque enseña a no juzgar. MMMEEECKKKK error! El patito es despreciado, maltratado e ignorado por todo el mundo por su aspecto. Vamos, lo que venimos llamando un bullying en toda regla. Pero la vida, que siempre es generosa, lo convierte en un cisne bellísimo dándole un zas en toda la boca a todos los que se habían metido con él. Y digo yo, ¿no hubiera sido mejor que lo pudieran respetar siendo feo?  ¿Y qué tengo que decirles a mis hijos? ¿Que no se preocupen si son feos ,que no lo son, (apunte de amor de madre) que existe la cirugía que les ayudará a ser aceptados? Sería mejor saber que la belleza va y viene, que no hay que juzgar solo por lo que ves, que hay cosas más importantes en la vida que ser guapo, que no debe interesarte la gente que solo te sabe juzgar por tu presencia y no sabe mirar más allá. Yo que sé, un sinfín de cosas, menos que les callarás a todos la boca cuando por fin consigas ser como ellos quieren que seas.

Pues sí, así están las cosas. Cuidadito con los cuentos clásicos que son un caramelito envenenado. Vete tú a buscar a los hermanos Grimm con la máquina del tiempo y pedirles explicaciones. Y lo peor es que los derechos de autor de las historias de siempre no los paga nadie; así que hasta la editorial más cutre tiene estas historias en su catalogo. El peligro está por todas partes y nadie es el responsable.

No quiero que mi hija piense que necesita un hombre para que la salve del dragón. Quiero que tenga la suficiente fuerza para enfrentarse a él, agarrarle por sus partes y mirarle a los ojos desafiante. No quiero que el pirata piense que una mujer le necesita, pero si quiero que encuentre una compañera con la que camine por la vida de igual a igual.

Busco historias que cuenten como se cuida la naturaleza, o qué es el respeto, y la honradez. Bastante daño hizo en mi cabeza la idea del amor romántico y la búsqueda de la perfección, para que yo no haga nada para proteger a mis hijos de estas cosas.

Otra cosa es que alguna vez alguno de los dos me pida disfrazarse de princesa o de rey. Ahí no tengo ningún problema. A todos nos gusta a veces  sentirnos guapos y distintos. Me parece hasta sano. Al fin y al cabo los disfraces terminan quitándose y entonces te quedas solo con lo que has aprendido.

Si te ha gustado, se generoso, comparte.

1 Comment

  1. Jajajajajjajaja, tenías razón, es muy “mía”! Pues sí, lo de los cuentos es un arma de doble filo. El problema de fondo creo yo no son tanto los cuentos clásicos, como las adaptaciones almibaradas de esos cuentos tipo factoría Disney y peores. A Disney le ha costado una docena de princesas de azúcar llegar a Brave, pero al final ha llegado… Pero toda la basura que va circulando por ahí basada en argumentos clásicos no hace sino acrecentar los horrores de los anuncios para niños de la tele. En fin, hija, estamos rodeadas, que le vamos a hacer. Así, el papel de madre, además de todos los que tú nos cuentas, por si no fuera suficiente con ellos, es el de jardinera: desbrozar, quitar las malas hierbas, plantar semillas buenas… 🙂
    Por privado te mando algo para que veas hasta qué punto los cuentos clásicos no son lo que les hace ser…
    Abrazos preciosa!!

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *