Quiero a mis hijos. Sin duda.

Por si alguien lo duda, quiero a mis hijos por encima de todas las cosas. Más que a nada en el mundo y más que a mí misma. Y ya sé que esto es lo lógico, teniendo en cuenta que soy su madre; pero el otro día pensé, que me estaba quejando tanto de lo dura que es la maternidad, que quizá alguien haya pensado que lo de salir corriendo algún día, puede que lo cumpla.

Pues seamos sinceros, a veces ganas no me faltan; pero cuando no estoy con mis trastis, los añoro con toda mi alma.

Por mis niños soy capaz de hacer cosas que no haría ni harta de vino en otras circunstancias. Porque la maternidad cuando llega a tu vida, trae debajo del brazo una capacidad de sacrificio que antes ni si quiera habías imaginado. Porque no hay amor más grande que el de una madre; y porque a pesar de la maternidad es dura de narices, escuchar un “mamiiii te quero musho”, hace que todo cambie en un momento.

Sería imposible explicar, si no es por el amor maternal,  que después de llevar tiempo inmemoriable sin dormir, seas capaz, una vez más, de levantarte por la noche una media de seis veces, a ver qué narices les pasa a tus herederos. Eso, o los quieres mucho, o a la segunda vez que te llaman, pasas mil de abandonar las cama calentita para enfrentarte al terrible frio del pasillo.  Y lo peor, a veces aunque no me llamen, me levanto igual. A ver como duermen y si se han destapado. Eso es amor verdadero. Del bueno. Hecho probado.

Una madre es capaz de hacer cosas insospechadas por la felicidad de sus hijos. A buenas horas iba yo a aguantar siete por qués seguidos, así, en bucle, y a contestar con paciencia infinita. Me viene alguien preguntando chorradas varias  y al segundo por qué, le mando a tomar viento fresco. Sin contemplaciones. Y como vulgarmente se dice, que lo aguante su madre. familia.mamatodoeldia

Solo por tus críos, eres capaz del ir al parque a las cinco de la tarde en pleno mes de agosto. Que si, que despotricas y escupes en arameo todo lo que se te pasa por la mente. Pero vas. Porque desde que eres mamá, has descubierto que puedes hacer cosas que odias, solo por ver esa sonrisa que hace que se te deshaga el corazón en pedácitos.

Y quien dice agosto, dice las largas colas que se forman en Navidad para darle la carta al paje de los Reyes Magos. Una hora de cola, para que cuando por fin te toque, tu hijo decida que no le gusta un pelo aquel jovenzuelo vestido con mallas, que más bien parece un duende y que no le da la real gana de hacerse una foto con él. Manda narices. Piensas que el año que viene no te va a pasar, porque no piensas volver; pero irremediablemente, el  próximo año, caes. Porque tu hijo te lo pide. Y tú, que te mueres de amor cada vez que ves la ilusión en su cara, vuelves a hacer la larga cola, a ver si este año el paje esta algo más favorecido y a tu hijo le cae en gracia. Yo, que más de una vez me he quedado sin pan, por no tener que hacer la cola para pagar, he esperado mi turno pacientemente un millón de veces. Y lo volveré a hacer por ellos.

Solo porque es mi princesa, dejo que, como ella dice, me ponga guapa.  Cuando en realidad lo que hace es embadurnarme la cara con kilos de crema, estirarme del pelo hasta casi dejarme calva, lo que ella llama peinarme, y pintarme los labios como Carmen de Mairena.  Aguantar que  te parezcas un travesti en horas bajas por ella, es amor. Sin duda.

Solo por tus hijos cambia tu cuerpo, tus costumbres y tus preferencias. Por tus hijos pierdes tu libertad y hasta tu propia identidad. Por tus hijos aprendes y te equivocas constantemente; y caes en profundas contradicciones entre lo que te echas de menos a ti misma, a ti como mujer, como persona, y el amor que sientes por ellos y que hace que sepas que la vida no sería ni la mitad de apasionante si no fueras madre.

Si, definitivamente la maternidad es dura de narices, pero sería madre una y mil veces más. Aunque tenga que comerme el puré de verduras, que odio con toda mi alma, para demostrarles que hay que comer de todo. Y aunque tenga que contarles ese cuento por séptima vez por mucho que me duela la cabeza. Por ellos lo haría todo.  Con los demás, a mi edad, ya aguanto pocas tonterías, la verdad.

Y vosotras ¿Qué es eso que hacéis por ellos y no lo haríais por nadie más?.

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