A veces pasan cosas.

A veces en tu micro mundo cotidiano, pasan cosas. En ese mundo en el que las mamás todo el día nos movemos, que abarca apenas nuestra familia, nuestros hijos, el cole, la casa y alguna que otra, el trabajo. Nada de noches de estreno, nada de viajes aventureros, nada de desfiles de moda en París o Nueva York.

A veces en este micro mundo en el que hay de todo menos glamur, pasa algo que te hace despertar de la cotidianidad y te hace pensar que te estás perdiendo cosas de ellos. A pesar de estar con ellos.

Parece que tanta cosa establecida y tanta rutina, hace que bajes la guardia y que observes a tus hijos de manera equivocada. Los estás viendo, los estas mirando, pero de repente te das cuenta que ha pasado algo que te has perdido.

Y no son grandes cosas lo que te hace despertar del letargo del día a día. Quizá solo un comentario sin importancia, un gesto diferente que no conoces,  un nuevo hábito.

Es entonces cuando tengo unas ganas irrefrenables de abrazarles y llenarlos de besos sonoros. Quiero darles las gracias por todo aquello que me han dado, que me dan cada día.

Aquello que tantas veces se me olvida, metida de lleno como estoy en preparar desayunos, lavar ropa, planchar, comprar fruta sana, elegir zapatos cómodos que ayuden al pirata a correr o esa camiseta de Frozen que la princesa me pide sin parar.

Es entonces cuando, a pesar del cansancio infinito, a pesar de pensar que cualquier día, estos niños me van a volver loca porque no puedo tener más paciencia; a pesar de querer esconderme en un rincón de la casa que ellos descnozcan y asi no puedan encontrarme; a pesar de todo eso, les doy las gracias por estar en mi vida.

Por darme una vida nueva. Vale, una vida con más ojeras, más kilos y porque no decirlo, más mala leche producto del cansancio; pero una vida que no habría querido perderme nunca.

Trastis, os pido perdón. Perdón por las veces que la paciencia se me acaba y no entiendo vuestro pequeño universo. Las veces que os miro desde mi mirada de adulto y no acepto que lo que para mí son 5 minutos, para vosotros son 20.

Pido perdón por las veces que me duele tanto vuestro dolor, que me falta esa cabeza fría que debe tener toda madre para quitar hierro al asunto, daros un empujón al mundo, y  que aprendáis como sobrevivir ahí fuera. Me cuesta tanto no protegeros siempre…

Pido perdón porque a veces no os entiendo. No entiendo porque no podéis obedecer a papa o a mí, a la primera. Yo, que sigo siendo una rebelde sin causa y que siempre me ha costado aceptar cualquier tipo de autoridad.

No entiendo porque vuestra demanda de mí es tan alta. A veces me cuesta respirar. Me ahogo. Yo, que recuerdo vivir permanentemente angustiada por no poder estar más tiempo con mi madre y tener que ir al cole.

No entiendo porque pasáis del amor al odio entre vosotros, en un minuto menos cuarto. Igual os pasáis el rato haciéndoos la puñeta, que igual muero de amor al ver como os cogéis de la mano y os partís de risa juntos.

Yo, que tengo tres hermanos a los que adoro y con los que practicaba el santo deporte de la guerra de almohadas en la que, por supuesto, siempre acababa llorando.

A veces pasan cosas que te recuerdan que la vida se repite una y otra vez. Con otros colores quizá, con otros matices, pero la vida de mis hijos, básicamente, es como fue la mía.

Padres que quieren a sus hijos. Hijos que quieren a sus padres. Padres que no recuerdan cuando eran niños y el cansancio les puede. Niños que aprenden a vivir.

Madres agotadas que quieren escapar y que morirían por sus herederos. Y churumbeles cuyo universo es pequeño, pero taaaaannnn intenso, que ponen patas arriba todo lo establecido.

Solo espero que este micro mundo en el que vivo, en el que es fácil caer en la monotonía, no anestesie mi capacidad de ver que a veces pasan cosas que vale la pena no perderse.

1 Comment

  1. Ser madre es un sueño muy agotador y por eso a veces no disfrutamos de las pequeñas y grandes cosas del dia a dia. Si nos equivocamos es normal porque se aprende del error y es algo que no es sencillo. No solemos recibir el apoyo ni la ayuda necesaria y la vida de hoy en día no lo favorece.

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