Ya se que no soy una mujer perfecta

Que no soy la mujer perfecta es evidente. Que alguien, no sé quien narices, aunque lo sigo buscando, me hizo creer que debía serlo, también. Que lo intento una y otra vez y no lo consigo nunca, está claro. Y que una vez llegado a este punto en el que te das cuenta que persigues un imposible, debes empezar a  relajarte, está por ver.  Pero yo lo intento. Eso si, por mi que no quede.

Lo de intentar tener el cuerpo 10 hace tiempo que lo abandoné. Mi cuerpo serrano ha pasado a ser “cuerpo de madre”. Así lo define maridín cuando quiere decir que, atrás quedó la lozanía y el culo  bien alto. Ahora todo se cae. Al principio me cabreaba y me desesperaba no volver a lucir como era antes de ser mama; pero ahora me consuelo pensando que podría estar peor… Una cosa menos. No soy una súper modelo y ya sé que nunca lo seré. No le vamos a dar más vueltas. Una se intenta mantener comiendo de vez en cuando ensaladitas y ya está. Hay un dicho por ahí que dice que somos lo que comemos. Yo a veces soy un calabacín y a veces un trozo de bizcocho con chocolate. Ya ves, de contrastes que es una.

¿Quién con 18 años no ha querido ser la mejor amante del mundo? Que daño han hecho esas teleseries en las que se veían a esas parejas sexeando en un marco incomparable. Ellos musculados a más no poder, ellas pintaditas y perfectamente peinadas. Y buscándose a todas horas. Sin niños, sin trabajos y sin facturas que pagar.  La realidad, amigas mías, como ya sabréis, es otra. Maridín y yo ya pasamos de la cuarentena y estamos agotados.  Aquí no hay marco incomparable porque hay  pelusas por los rincones; y yo lo de pintarme, pues la verdad, no paso del colorete. A mi lo único que me importa ahora, es que costillo sea tan feliz como soy yo cuando estamos juntos. Ni kamasutra, ni las 50 sombras del tío ese que debo ser la única en España que no sé quién es.  Ni he leído el libro, ni lo voy a leer. Nosotros  nos queremos, nos encanta estar juntos y la seguridad que te da eso hace que te las traiga al pairo tantas posturas imposibles y tantas peras en vinagre. Por Dios, que quererse es más fácil.

chica sacando la lengua

Pero lo que peor llevo, es la búsqueda de la  perfección en la maternidad. Ahí no hay manera ni de relajarse, ni de perdonarse.  Confieso que soy mucho mejor madre cuando hay cole. Quizá sea porque hago más cosas que SOLO estar con ellos. Quiero decir, tener una parte del día sin hijos, supone conectar con tu yo como persona. Es un tiempo en el que puedes hacer otras cosas que te recuerden que eres algo más que madre; lo que hace, al menos en mi caso, que cuando recojo a mis trastis en el cole, me muera por estar con ellos.

Reconozco que soy una privilegiada en ese aspecto. La maternidad es el único trabajo del mundo que no da vacaciones y eso, en ocasiones, es agotador. No soy perfecta, a veces tengo muuucha paciencia, pero a veces grito. Grito mucho. Y siempre vivo con el temor que por mucho que lo intente, me voy a equivocar en algo. Soy capaz de aguantar una noche entera sin dormir, dos pataletas seguidas en medio del supermercado, o pasarme más de media hora en una conversación en bucle que no lleva a ninguna parte (por Dios, ¿por qué repetirán tanto las cosas?). Todo eso es bastante fácil a veces. Otras, supone hacer un esfuerzo sobrehumano. Pero lo que es realmente difícil, es perdonarse un grito.

A mi edad estoy consiguiendo, muy poco a poco, que no es fácil, liberarme de la presión de ser mujer perfecta en muchas cosas; pero creo que no voy a conseguir quitarme de encima la idea de que debo ser mejor madre.

Siempre se puede ser mejor. Y todo porque sé que mis equivocaciones pueden hacer daño a mis trastis y eso, es una carga demasiado pesada.

Me convenzo a mi misma cada vez que me equivoco, que no volverá a ocurrir y recuerdo que también hago otras cosas bien, pero la puñetera conciencia siempre está detrás de mí.

Este verano ha sido agotador, pero he descubierto una cosa. El tiempo que paso con ellos debe ser de calidad, tiempo en el que no deje de educar; pero también de reír. Y eso yo solo soy capaz de conseguirlo cuando además de madre, soy, como ya he dicho, persona. Cuando me tomo una café con una amiga, cuando me voy a dar un paseo con maridín, o cuando tengo un poco de tiempo para mi desarrollo personal. Solo cuando yo estoy bien, soy capaz de tener dosis extras de paciencia. Me recuerda cuando era jovencita y la experta de turno te decía que aquel chico guapetón, no te podía querer porque  tú no te querías lo suficiente a ti misma. Y tú pensabas, manda narices, con la listilla esta.  Quizá esto sea algo parecido.

Así que, dejar de luchar por ser perfecta creo que debería ser una asignatura a estudiar en el cole. O en todo caso, es imprescindible encontrar al que va mandando ese mensaje por ahí y acabar con él. Sin piedad.  No quiero que mi hija sienta esa presión solo por ser mujer. Quiero que se esfuerce cada día por ser mejor, pero sobre todo por ser feliz. Sin perderse por el camino.  Ser feliz, es ser perfecto. Nada más y nada menos. La lucha debe ir por ahí y al carajo con el cuerpo 10, la mejor amante del mundo y presiones varias. Oer, que somos mujeres reales y que a día de hoy no conozco a una sola que lo  haya conseguido. No dejemos de vivir  por perdernos en el camino. Yo lo estoy intentando. Mientras tanto, un mensaje para mi conciencia: Ya se que no soy la mujer perfecta, por favor, deja de dar la brasa.

Y tu ¿también sientes esa presión o tienes claro que esos estereotipos son inalcanzables?.

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